Este curso aún no he mencionado a nadie de mi clase. Pero bien pensado... ¿cómo no voy a hablar de mis queridos y admirados profes?
Este año son algo más normalitos que los de el anterior, pero también son interesantes. Como ejemplo pongo a la de lengua, "La Morros", cuyo nombre real es más bien poco conocido. Una profesora singular: no sólo no se sabe su nombre, si no que se desconoce su edad. Yo estoy convencida de que ha echo un pacto con el diablo; si no no se explica que se mantenga tan joven, cuándo fuentes cercanas aseguran que tiene hijos que casi nos doblan la edad. Está obsesionada con el análisis de oraciones, con bajarnos puntos por las faltas de asistencia (da igual que hayas faltado por ir al entierro de tu abuela... o al tuyo; no lo puede consentir), y con las reescrituras. Nos ha hecho reescribir textos sin usar tal vocal o usando sólo una, sin usar puntos de puntuación, cambiando los que ya existían, desde el punto de vista de tal personaje, empleando continuamente sustantivos que comiecen por tal hiato... Lo suyo es de psiquiatra, en serio. Y, para colmo, somos el único 4º que soporta sus malditos "y hoy coged tal cuento, y lo tenéis que escribir en el idioma de la ti" (ties ticitiertito, tila tititia tiestitá ticotimotiutina tiputita ticatibra).

Sigo conservando a mi estimada Ascensión. Ha madurado mucho profesionalmente. Lo suficiente para decidir que está por encima de dar clase, y, por lo tanto, pasa de hacerlo. Nos pone películas que no nos obliga a ver, nos deja hablar o hacer lo que queramos, y dos veces al trimestre nos pregunta en qué fecha deseamos hacer el examen; en eso consiste toda su labor educativa. Y no la echan, ¿eh?

Mi tutor de este año vuelve a ser un profesor de inglés, pero, mientras el del año pasado parecía de la otra acera (fue un rumor muy extendido hasta que nos enteramos de que era casado y con dos hijos), éste podría ser cura. Se quedó horrorizado el día que nos vinieron a dar clases de educación sexual y se limitaron a hablarnos de lo de siempre (ETS, preservativos, folla cuándo quieras pero con precaución) que se vio obligado a ponernos un video con otra visión moral del sexo.
... Y tanto que otra. ¡Por Dios!, el video decía que nada de abortar, que vírgenes al matrimonio, que sólo te acuestes con una persona en tu vida, que si tu pareja ha tenido relaciones anteriormente, esperes 3 años antes de mantenerlas tú con él. No dio tiempo a verlo entero, si no, seguro que hubiéramos acabado escuchando la frase: "¡Pecadores!, ¡arderéis en el infierno!".

Luego tenemos a los profesores de informática: vienen en dúo, como los Donuts. Hasta ahora teníamos a un profesor más o menos decente, quitando el hecho de que nos ha enseñado HTML sin tener él ni puta idea (¡un aplauso!, que tiene su mérito, eh?), para luego coger y explicarnos que lo que lleva tres meses enseñándonos lo podíamos hacer en 10 minutos con el FrontPage, ante el cabreo general de la clase; no entiendo por qué, teniendo en cuenta que, el primer trimestre, había entrado a clase diciendo que íbamos a aprender a usar el WinLogo, y explicando desde un primer momento que no sirve para nada... ya deberíamos estar acostumbrados a perder el tiempo...
Pero ahora nos quieren cambiar de profesor, y ponernos el de la otra clase. Una persona con mucha presencia. Especialmente en habitaciones sin ventilación, pues el tío no huele precisamente a Channel; quienes asistieron a una excursión de un par de días con el comprobaron alucinados que no se duchaba, ni se cambiaba de ropa... aunque para saber esto último sólo hace falta ir a clase...

No, si ahora que lo pienso, buenos profesores me han tocado a mi. Voy a tener que hacer una segunda parte hablando de el de química (ha aprendido lo que es un armario... no, no se ha vuelto gay; es que ahora se cambia de ropa), el de Educación Física (como profesor es una mierda... pero todas van a su clase por que está bueno), el de dibujo (cuántas veces has visto a tu profesor cantar un villancico con una caja en la cabeza y no le has perdido el respeto?)...
En momentos cómo este me alegro de no haberme cambiado de Instituto.